Mi relación con el sueño desde niño.

Nunca supe lo que era dormir, de verdad. Cómo dormir mejor sin luchar por las noches. Primero, nunca entendí la importancia que tiene en nuestras vidas. Crecí en una familia gigante, así que siempre intenté utilizar las noches para estar solo. Además, le tenía un miedo terrible a la oscuridad, lo que me hacía, desde pequeño, tener mi primera dependencia: dormir con una radio encendida.

Desde ese momento y hasta hace un par de años, necesité de algo para dormir. Parece increíble, pero es sorprendente cómo nosotros mismos vamos condicionando al cerebro a ciertas predisposiciones. Toda mi vida dije: no puedo dormir sin una ayuda. Radio, tele, iPad, teléfono… y en efecto era así. Les prometo que no podía dormir.


La verdadera razón por la que no podía dormir

Hasta que un día —porque nadie supo ayudarme, ningún médico o especialista sin recurrir a pastillas—, ya comenzando con la meditación y entendiendo su sentido, tuve una iluminación divina. Una epifanía, una revelación: nunca tuve miedo a la oscuridad; nunca necesitaba algo para dormir por dependencia. Tenía miedo a lo que pensaba cuando todo se callaba.


Lo que descubrí sobre mi sistema nervioso

La verdad, esto me generó tranquilidad. Saber que no había algo “dañado” en mí, sino un sistema nervioso que no sabía calmarse por la noche. Y, como todo, tuve que plantearme poco a poco ciertas obligaciones nocturnas:

  • Fijeza de horario.
  • No luchar con el insomnio, sino observarlo.
  • Reducir estímulos antes de dormir.

Esto último fue clave: para mí es un gran NO tener el móvil dentro de la habitación. Ningún aparato electrónico. Nada. Me despierto a mitad de la noche y no sé ni la hora que es. Créanme: eso ayuda. No veas nunca la hora cuando te despiertes de madrugada. No es que tengas una revelación; es tu sistema nervioso aprendiendo.

Porque de esto va realmente dormir: enseñarle al sistema nervioso a relajarse. No es algo que pase automáticamente a todos. Es lo que debería ser… pero no lo era para mí. Y me di cuenta de que solo estaba en mis manos poder enderezarlo.

Aceptar que el descanso no se fuerza; se facilita.


Hábitos de sueño y descanso: todo está conectado

Creo que, como con todo, debemos ser conscientes de que si tenemos un día lleno de estímulos angustiantes —que muchas veces nos autoinducimos—, no podemos esperar descansar maravillosamente a menos que entrenemos para ello.

Al final, todo está conectado: la práctica y los hábitos.
El sueño lo es todo.


El sueño en la salud mental: lo que nunca me explicaron

Lo más sorprendente es que estuve años en terapia por ansiedad y depresión, y jamás hablamos de mis hábitos de sueño. Y no culpo a nadie: simplemente, nuestro sistema no le da al sueño la importancia que tiene. Pero la realidad es que malos hábitos de descanso pueden producir síntomas casi idénticos a los trastornos emocionales, además de una recuperación neuronal mínima.

Esto debería estar en la primera página de cualquier conversación sobre salud mental.


Mi técnica personal para dormir mejor

Mi técnica para dormir —que no es mágica ni funciona desde el inicio— consiste en enfocarme en la respiración con exhalaciones largas.

Por ejemplo:

“Inhalo suave por la nariz contando mentalmente hasta 3… y exhalo despacio por la boca contando hasta 6. Sin forzar, sin intentar dormir, solo sintiendo cómo la exhalación larga le dice al cuerpo: aquí no hay peligro.”

Repito ese patrón varias veces. A veces me duermo rápido, a veces tardo más. Pero siempre funciona como señal: es la forma más directa de comunicarle al sistema nervioso que puede bajar la guardia.

Pero hay que ser serios: no busques el móvil con TikTok porque no pudiste caer rendido la primera noche. Esto es entrenamiento, como todo lo demás.


Conclusión: Dormir sí es una habilidad

Dormir no es solo cerrar los ojos.
No es una reacción automática.
Es una habilidad que se entrena, que se construye, que se practica.

Y cuando lo entiendes, cambia tu vida.

Te dejo este video de mi gurú Andrew Huberman:

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