Hay días en los que el cuerpo no negocia sí tiene hambre o no, solo sientes que tienes antojos de azúcar y no es hambre exactamente.
Es una dirección muy concreta: algo dulce, algo rápido.

Y en ese momento, decidir bien se vuelve mucho más difícil.

Durante mucho tiempo pensé que era falta de control.
Como si en esos momentos simplemente no estuviera a la altura.

Pero no es así.El problema es otro: muchas veces intentas decidir cuando tu cuerpo ya ha decidido por ti.

Cuando llevas horas sin comer.
Cuando has dormido mal.
Cuando el azúcar en sangre cae y el cuerpo busca una solución rápida.

Ahí no estás en un punto neutral.

No estás eligiendo desde cero.
Estás reaccionando.

Hace poco escuchaba un episodio de Huberman donde explicaba justo esto: el cuerpo tiene mecanismos muy concretos para empujarte hacia el azúcar cuando necesita energía rápida.

No es solo gusto.
Es biología.

Y eso cambia cómo se siente ese impulso.

No aparece como una opción.
Aparece como algo urgente.

Entender esto no elimina los antojos.
Pero sí cambia dónde está el problema.

No está en fallar en ese momento.
Está en llegar a ese momento constantemente.

Porque si siempre decides cuando ya estás ahí, vas a perder muchas veces.

No por falta de disciplina. Sino por contexto. Al final, la mayoría de decisiones no se toman en frío.


Se toman cuando ya estás cansado, con hambre o más bajo de energía.

Y ahí el cuerpo empuja. No se trata de eliminar el azúcar.
Ni de ganar siempre.Se trata de no ponerte una y otra vez en situaciones donde decidir bien es casi imposible.

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