Cada año pasa lo mismo: llegan las fiestas, llegan las comidas, llegan los brindis… llega también la ansiedad y no sabes cómo gestionar la comida en las fiestas sin ansiedad ni culpa
No ansiedad por el jamón o el roscón, sino por la idea de “perder el control”.
De repente, parece que diciembre fuera una amenaza para nuestra salud, como si tres semanas tuvieran el poder de tirarlo todo por la borda.
Pero hoy no voy a darte una lista de “consejos saludables” ni reglas rígidas sobre qué comer o no comer.
Este no es un artículo sobre prohibiciones.
Es un artículo sobre calma, responsabilidad y sentido común.
La verdad incómoda: las fiestas no son el problema
Lo digo con cariño, pero con honestidad:
si tienes 10, 15 o 20 kilos de sobrepeso… ¿crees que el problema es diciembre?
Porque si no es diciembre, entonces es:
- el frío de enero
- la lluvia de febrero
- los planes sociales de marzo
- la primavera que “te descoloca”
- el calor del verano
- las vacaciones
- la vuelta al trabajo
- la ansiedad del otoño
Siempre hay una excusa perfecta para no cuidarnos…
y diciembre se convierte en la reina de las excusas.
Pero si quieres resultados reales, tienes que salir de esa mentalidad estacional.
Tu cuerpo no entiende de meses.
Entiende de hábitos.
La responsabilidad no tiene calendario
Cuando dejamos de ver la alimentación como algo que funciona “solo si el calendario acompaña”, pasa algo liberador:
- dejamos de tener miedo a comer
- dejamos de sentir culpa
- dejamos de buscar excusas
- dejamos de vivir en el “todo o nada”
Ser responsable con tu cuerpo no significa ser perfecto.
Significa estar ahí para ti… incluso cuando no es el momento ideal.
Especialmente cuando no es el momento ideal.
Entonces… ¿qué hago en Navidad?
Muy sencillo:
no lucho contra la comida. La uso a mi favor.
Las semanas de fiestas suelo aprovecharlas para entrenar más fuerte.
No desde la culpa, sino desde la lógica más simple del mundo:
si voy a comer más, voy a entrenar mejor.
Los días de carbohidratos altos —roscón, panettone, cenas ricas— son perfectos para:
- aumentar cargas
- trabajar volumen
- hacer sentadillas pesadas
- mover peso de verdad
No hay nada como hacer piernas al día siguiente de una buena cena.
Te sientes fuerte, con energía y, sobre todo, con propósito.
Y si no quieres entrenar fuerte… tampoco pasa nada
No tienes que ser un robot disciplinado.
Si un día no entrenas, no estás rompiendo nada.
Lo que rompe el progreso no es una comida especial.
Es la culpa.
Es ese pensamiento de “ya lo arruiné, da igual”.
Te prometo algo:
tres semanas de fiestas no destruyen nada.
Tres meses de abandono sí.
La clave: vive diciembre sin miedo, pero vive enero con intención
Come con calma.
Entrena cuando puedas.
Disfruta.
Respira.
Tu progreso no se define por lo que haces las dos últimas semanas del año, sino por cómo te cuidas las otras cincuenta.
Y si este diciembre sientes que comes más… bien.
Quizás tu cuerpo necesitaba energía.
Quizás necesitabas descanso.
Quizás necesitabas disfrutar sin castigo.
Vas a estar bien.
Lo importante empieza después.
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