Cambiar es aterrador. Nos enfrentamos a la posibilidad de fracasar, retroceder y no cumplir nuestras propias expectativas. Pero ¿y si el miedo no fuera el verdadero problema? ¿Y si lo que te bloquea es el enfoque, no el fallo?


El mito de la perfección (y por qué te está frenando)

¿Por qué pensamos que saltarnos un día de dieta significa fracasar por completo?
¿Por qué creemos que cometer un error equivale a tirar todo a la basura?

Ese pensamiento extremo es el que te sabotea.

La verdad es simple: no eres perfecto y no necesitas serlo.
Lo que importa no es la perfección, sino el progreso acumulado.

Si un día comes algo fuera de tu plan o te saltas un entrenamiento… eso no borra todo tu esfuerzo. Es solo un desvío, no una caída. Cambiar no es evitar fallar: es aprender a levantarte sin dramas.


Los cuentos que te cuentas (y cómo frenan tu cambio)

Los hábitos no son el principal obstáculo.
El problema son las historias que te repites para justificar esos hábitos.

Ejemplos típicos:

  • “Siempre he sido así, no puedo cambiar.”
  • “Hoy he tenido un día malo, me merezco este antojo.”
  • “Si no puedo hacerlo perfecto, no tiene sentido intentarlo.”

Estas narrativas son trampas que te mantienen donde estás.

La pregunta clave es:

¿Qué cuento me estoy contando ahora mismo?

En el momento en que te escuchas, puedes reescribir la historia.
Y ahí empieza el verdadero cambio.


El poder del sentido común (tu mejor herramienta para progresar)

Olvida las soluciones mágicas y las reglas extremas.
El cambio real es sorprendentemente sencillo:

  • ¿Sabes que fumar te hace daño? Reduce un poco.
  • ¿Sabes que el alcohol no ayuda? Bébelo menos, sin drama.
  • ¿Sabes que los procesados no te van bien? Cambia uno por algo mejor.

No necesitas hacerlo perfecto.
Solo necesitas hacer lo obvio, con sentido común y constancia.

Pregúntate:

¿Cuál es el siguiente paso pequeño que puedo dar hoy?

Ese paso, repetido muchas veces, te transforma.


Un cambio de mentalidad (tu cerebro también quiere ayudarte)

Cuando empecé a leer sobre cómo funciona el cerebro humano, todo cambió para mí.
Descubrí algo poderoso:

Tus pensamientos no están grabados en piedra.
Tus hábitos tampoco.

Tu cerebro es moldeable. Cada repetición crea un camino.
Cada decisión, por mínima que sea, construye una identidad.

No importa quién fuiste ayer.
Importa quién decides ser hoy.

Por eso:

  • no te castigues por tus errores
  • aprende de ellos
  • ajusta lo necesario
  • sigue avanzando

Cambiar no es un destino; es un proceso continuo.


Elige tu historia y avanza sin excusas

Si quieres mantener un mal hábito, asúmelo.
Si quieres cambiarlo, hazlo con intención, sin cuentos y sin victimismo.

No necesitas ser perfecto para progresar.
Solo necesitas empezar… y no detenerte.

¿Estás listo para escribir una historia diferente para ti?
Vamos a ello.

Para mejorar tus señales internas y posicionar mejor: